Espectáculo de la Naturaleza, de Noël Antoine Abad de Pluche (1732)

El abad Pluche fue un eclesiástico francés del siglo XVIII, especialmente conocido por su tratado de historia natural El espectáculo de la naturaleza, que  refiere Cárdenas hasta en dos ocasiones. Este voluminoso tratado, editado originalmente en ocho volúmenes de nueve tomos fue pensado como una obra divulgativa más que como un tratado científico, por lo que está plagada de argumentaciones divergentes, de casos referenciales y de las opiniones del autor, disimuladas como deducciones lógicas e inevitables de la naturaleza.

Cárdenas no hace oídos sordos a esto último y de hecho utiliza la obra del abad Pluche para descartar visiones obsoletas del vuelo. En su tratado, el abad discute la imposibilidad del vuelo a partir de que el hombre tuviera alas en lugar de brazos, tesis que Cárdenas desecha sin miramientos y la contrapone frontalmente con la viabilidad de la suya propia. Esto lo hace al rebatir las objeciones en el punto medio de su libro, llegando a afirmar que una de las amenazas que pesan en su contra es que, al contradecir con su teoría las reflexiones del Abad Pluche, esto le valdría la condena de prisión perpetua por parte del Tribunal del Santo Oficio. Sin embargo esto no lo contiene en su argumentación y se reafirma en que su tesis no contradice al Abad, pueste este se opone al vuelo humano a partir de que lo considera desde otra perspectiva diferente a la suya.

Por otro lado, Cárdenas menciona antes, en el Antepropósito, al libro del abad Pluche, para referir —entre otras— a la leyenda del creador del reloj de Lyon, a quien según dice le arrancaron los ojos. Esta leyenda en realidad corresponde al maestro construir del reloj astronómico de Praga, a quien para que no para que sea incapaz de replicar su creación en otro lugar, le arrancaron los ojos. En todo caso, ambas ciudades cuentan con un reloj astronómico que data del siglo XIV y XV, por lo que la confusión es razonable. Sin embargo, esta referencia no ha podido ser corroborada en los escritos del abad Pluche, ni en referencia al reloj de Lyon, ni al de Praga.

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