Vida prodigiosa del venerable siervo de Dios Fr. Martin de Porras, natural de Lima

Desde que en 1660 se iniciara el proceso heurístico para su beatificación, es decir, la recolección de documentos y testimonios que amparen las leyendas orales sobre sus milagros, escasa ha sido la producción de vidas sagradas o hagiografías de San Martín de Porres, conocido por muchos como Fray Martín. La noticia más antigua de un escrito sobre él está en la aprobación que Fr. Juan de Arguinao, prior de la Provincia de San Juan Bautista del Perú, hizo para el poema el Angélico de Fr. Adriano de Alecio. Ahí confiere su permiso tanto para la publicación del dicho poema como para ” un tratadito que tiene hecho de las virtudes del Hermano Martin de Porras…”

Fr. Adriano de Alecio, El Angélico, Lima, 1645

Con dicho “tratadito” ausente, hubo que esperar a la primera edición de la Vida prodigiosa del venerable siervo de Dios Fr. Martin de Porras, natural de Lima, de la Tercera Orden de nuestro Padre Santo Domingo impresa en Lima el año de 1673. Su autor, el dominico Fr. Bernardo de Medina, natural de Lima, fue regente de estudios del Convento del Rosario en Lima y, prior del Convento de Santo Tomás de Huánuco.

Los preliminares de la obra muestran el gran interés en la materia que tuvieron tanto sus hermanos de orden como miembros de otras religiones. Tal es el caso de la censura con que aprueba el jesuita Rodrigo de Valdés, poco antes de su muerte. Valdés, quien a su publicó un volumen dedicado en parte a Rosa de Lima, tiene la seguridad de que los méritos de Martín de  Porres destacarán como los de la santa limeña.

Retrato primitivo de Fr. Martín de Porres, 1673

Por otro lado, la primera edición de Lima sorprende con un grabado de Fr. Martín de Porres que poco difiere con el que se consigna de él en segundo volumen de Tesoros verdaderos de Indias de Fr. Juan Meléndez. En ambos se le observa con su típica canasta de panes, pero en el primitivo aparece la escoba que formará parte fundamental de su iconografía posterior. Este retrato primigenio de la edición limeña parece ser la fuente de la iconografía posterior, sobre todo la del retrato que e conserva en el Monasterio de Santa Rosa, datado para el siglo XVII. Asimismo, cabe destacar la semejanza con la reconstrucción del rostro del santo que recientemente ha llevado a cabo la Orden de Predicadores, junto con la de Santa Rosa y la de san Juan Macías.

Existe, además, una segunda edición matritense de la obra de Medina. Aun cuando existe a la fecha un edición filológica de la obra, se advierten variantes significativas que aumentan con digresiones la primera edición. La Vida escrita por Medina es una obra compleja que muestra grandes similitudes con otras hagiografías americanas. No precisamente las tiene con las vidas santarrosinas, sino con la hagiografía que compuso el jesuita Alonso Ramos para la Catarina de San Juan, la China Poblana. Además de un componente novelesco ficcional, que hace más amena y edificante la lectura, llama la atención la semejanza entre las bilocaciones de ambos personajes. En el caso de Martín Porres se refieren sus apariciones en México, Francia, China y el Japón.

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