El ente dilucidado, de Antonio de Fuente la Peña (1676)

Antonio de Fuentelapeña fue un fraile capuchino del siglo XVII autor de tres particulares escritos en el que destaca el tratado sobre la existencia de criaturas fantásticas, El ente dilucidado. Este peculiar libro versa sobre la existencia de duendes y gnomos, entre otras criaturas imaginarias, discutiendo sus características, propiedades físicas, sus roles e interacciones en la naturaleza y otros temas, mediante los cuales decanta en explicaciones —algunas fortuitamente precisas— sobre el movimiento de los fluidos y la formación de fenómenos meteorológicos. Por ello no deja de ser un documento muy interesante, en cuanto que aunque no busca ser un tratado científico, sin embargo, termina siéndolo parcialmente.

La referencia que hace Cárdenas al tomo de Fuentelapeña es de suma importancia, porque constituye la justificación filosófica —aunque se trate de un autor poco conocido y hasta ninguneado por sus contemporáneos— al planteamiento empírico de Cárdenas. Este utiliza la explicación que hace Fuentelapeña sobre que los objetos con peso pueden flotar sobre los líquidos, para extender su argumentación a cualquier fluido, incluyendo el aire. De esta forma puede sustentar, con una fuente que no sea solo la experiencia, su proyecto de vuelo. La referencia además es especial porque se encuentra casi perdida en una argumentación bastante extensa que incluye otras ideas. Como el libro de Fuentelapeña fue muy poco conocido en su época —vaya a saberse cómo llegó una copia de él a manos de Cárdenas—, ni Cosme Bueno, ni Roselló, ni el mismo Palma le pusieron atención. De hecho, Palma transcribe erróneamente “no lo disputa el Padre Fuentelapeña”, cuando la intención de Cárdenas fue decir justamente lo contrario.