Dos tratados, uno de las calidades y efectos de la aloja; y otro de una especie de garrotillo o esquilencia mortal

El médico Francisco de Figueroa obtuvo el grado de doctor en la Universidad Hispalense y, en la década de 1590, llegó a Lima con su familia. Pronto se incorporó a la Academia Antártica donde trabó amistad con insignes letrados criollos y peninsulares. Sus poemas aparecen en los preliminares de Arauco domado (canción) y Miscelánea austral (soneto).

El presente volumen se compone de dos tratados: el primero dedicado a los beneficios de la bebida de aloja y; el segundo, a una afección de garrotillo o esquilencia de consecuencias mortales. La aloja (aloxa) es una bebida refrescante difundida por los árabes en el mediterráneo que acusa una larga tradición que se remonta a antiguas referencias grecorromanas. La consumida en España estaba hecha de agua, miel y especias diversas. Figueroa no se detiene en sus variedades y recetas, por lo que es de esperar que se trata de aquella más difundida (miel refinada, polvo de jengibre, levaduras, pimienta, nuez moscada, canela y agua de manantial). Era común en la época, como lo confirma Figueroa, que se tratase como una bebida refrescante enfriada con nieve.

Las epidemias que asolaron el tránsito del siglo XVI al XVII (peste, sífilis, sarampión, difteria -llamado garrotillo– e incluso la melancolía) nos advierten del comportamiento de las sociedades ante situaciones de crisis. La pandemia de COVID-19 del siglo XXI revela que parejas con los tratamientos médicos corren diversas respuestas de índole cultural y incluso sacra. Así como en el Virreinato del Perú se recurría a tratamientos milagrosos o mágicos hubo intentos como el de Francisco de Figueroa por abordar una epidemia de garrotillo desde una perspectiva médica vigente para inicios del siglo XVII.

 

Jean Christian Egoavil

Proyecto Estudios Indianos

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